jueves, 17 de noviembre de 2016

Universidad, soñar con tocar el cielo

Día del Estudiante: soñar con tocar el cielo

¡Aprobaste las pruebas de aptitud de Periodismo!La noticia me llegó en medio de la plaza de la vocacional Carlos Marx y apenas podía creerlo. En aquellos días soñar con el futuro era el tema de conversación principal y por supuesto que no faltaban las suposiciones en torno a la vida universitaria que como todo paso implicaba cambios: ser más independiente, dejar atrás el uniforme, olvidar la costumbre semanal de los matutinos y esforzarse en el estudio para no conocer de cerca los temidos mundiales.

Lo cierto es que el primer día en la Universidad de Matanzas fue una experiencia diferente a todos los pronósticos. Al principio todo me parecía enorme (tanto que varias veces anduve perdida tratando de encontrar la biblioteca o el aula cuando nos cambiaban de edificio por alguna eventualidad). No fue fácil ceder espacio a lo nuevo con el alma llena de tantos buenos recuerdos y la nostalgia por los amigos del preuniversitario…

Así, llegaron los primeros turnos, las presentaciones habituales de los compañeros de aula donde estábamos “las cinco mosqueteras” que compartiríamos desde aquel instante cinco años en la misma beca.

Después, amar la vida universitaria fue solo cuestión de tiempo. Cuando recuerdo mi paso por ella pienso cuánto hubiese perdido si no hubiese conocido a Marle, mejor dicho, la gorda, y sus ocurrencias, su voluntad a prueba de tristezas y dificultades; o a Wendy, el terror de Cuco Juanchito (la lagartija más asidua del cuarto), que me enseñó a colocar en una balanza mis problemas antes de tomar una decisión y más de una vez supo escucharme con paciencia.  Y cómo olvidar a Yadira, con sus dotes para recitar las canciones de reguetón cual si fuesen poemas de Nicolás Guillén y aquella panetela que tuvo que preparar de nuevo porque la primera se carbonizó y faltaban solo unas horas para mi cumpleaños, a ella le debo más de una sonrisa y la gratitud por estar a mi lado siempre.

Y por supuesto no podía faltar Duny, la flaca, con su imaginación capaz de transportarnos a todos en un dirigible hacia el cielo o de hacernos llorar con una de sus crónicas. De ella recibí la bondad y la sinceridad, y esa capacidad de ser cada vez más fuerte aunque los vientos de la vida arreciaran.

Ese era mi grupo, el de las locuras de Yadiel el flaco (que nos puso el apodo de pelus (o sea ¡pelúasss!), el de Isita y Yanet, toda ternura; el de Genma, Katy, Yunielis y Nailys que amó desde el vientre a su pequeña Camila; y el de Dariel con sus intervenciones y curiosidades en cada seminario.

Cómo olvidar a los que comenzaron junto a nosotros el sueño universitario en Matanzas, pero eligieron después senderos diferentes: María Isabel, Mariana, Carmen Iris, Yaismel, Alberto.

Y por supuesto he dejado para último a Jeidita, esa muchachita que se quitaba rápidamente los lentes cuando en broma queríamos culparla de algo y decíamos: “fue la de los espejuelitos”. Juntas compartimos desvelos y preocupaciones, horas de estudio donde a veces terminábamos peleando por el estrés y después nos disputábamos ser la primera en dejar un papelito de disculpas en algún sitio del closet de la otra. Así fue como encontré una hermana en la universidad y, cuando la observo sentada a mi lado en la redacción de la Editora Girón, muchas veces sonrío en silencio porque tal vez nadie imagine cuán dichosas somos de compartir una amistad que se renueva cada mañana.

Esos son mis mejores recuerdos de la Universidad, el entusiasmo del grupo, el viaje al Pico Turquino (donde por supuesto me quedé en el kilómetro tres del camino hacia la cima), el estudio constante y esa rara costumbre de hacer todas las tareas e incluso recordarle a los profesores que las revisaran; las jornadas científicas, la participación en los festivales de artistas aficionados de la Feu o en cualquier actividad donde, al estar en el escenario, podía escuchar el coro de: ¡Te queremos Lianette!.

Los días junto al profe Marcelino que nos enseñó deporte y cómo se combina la ética profesional con la dulzura y el carisma; las clases de locución junto a Esquivel; los turnos de Filosofía junto a Fela donde lo principal era la “Concatenación”; los profes Juan Carlos, Omaida  que nos enseñaron a amar de verdad la historia, además de Yirmara, Daymette, Barbarita, Odalys  y tantos otros que siempre creyeron en nosotros.

El tiempo ha transcurrido y aún me estremezco cuando llega septiembre y constato que ya no debo volver al aula. Los amigos de la Universidad han tomado su rumbo, algunos más cerca, otros distantes, pero a todos nos siguen uniendo los recuerdos, el privilegio de habernos graduado en el mismo centro, la gratitud por haber sido formados como profesionales, y la satisfacción de que cuando nos encontramos parece que el tiempo no ha transcurrido y somos los mismos jóvenes que ascienden de nuevo al dirigible de Duny para, más allá de las preocupaciones y la distancia, soñar con tocar el cielo.

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Travesuras del idioma

Travesuras del idioma

Dice una amiga que ante los problemas “hay que poner la yagua antes de que caiga la gotera” y me sorprende esta versión del refrán que siempre he conocido como: “hay que poner el parche antes de que se abra el hueco”.

Y es que el idioma español se enriquece en cada región con expresiones creadas por los pueblos, e incluso un mismo vocablo adquiere significados diferentes en un mismo continente o país.

No deja de sorprendernos cómo en Puerto Rico, República Dominicana y Cuba, los autobuses se denominan guaguas, mientras que Paraguay y México lo llaman micro, bus en Costa Rica y Guatemala, colectivo en Ecuador y buseta en Colombia. Ello sin obviar que en algunas regiones de Centroamérica el término guagua se emplea para designar a los niños.
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Indagando en Internet descubrí que el tamarindo, sustantivo que los cubanos relacionamos con una fruta, en El Salvador es sinónimo de ladrón. Y ni hablar del “machete”, pues quién le dice a un campesino cubano que esta palabra por la cual conoce a su instrumento de trabajo, en Argentina se asocia con un papel o algún tipo de documento donde se esconden las respuestas de un examen; en Chile, es la acción de pedir dinero sin realmente necesitarlo; mientras que en República Dominicana se refiere a una persona que tiene mal olor debajo de las axilas.

Existen también muchas formas de llamar a un amigo: pana (Venezuela), Cuate (México), compinche (Argentina)…
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Hace poco una colega me contaba que al conversar con una joven chilena, descubrió numerosos significados de palabras que usamos con frecuencia. Por ejemplo, mientras nosotros relacionamos el término pavo con un tipo de ave, en Chile caracteriza a alguien entretenido, tonto.

¡Y qué decir del abdomen!, lo que identificamos como barriga es para ellos “la guata”. ¿Se imaginan por un instante utilizando este término?. Sería algo más o menos así: “Sírveme algo de comer que tengo la guata vacía”, “Oye, el vecino del segundo piso tiene tremenda guata” o “A juzgar por el tamaño de la guata, el bebé será grande como su padre”.

Por otra parte, para los chilenos el inicio de una relación de noviazgo donde la pareja comienza a dialogar, a conocerse, se reconoce como pululeo. Lo cual trasladado al contexto cubano quedaría de esta forma: “te enteraste, Pepito y Juana están pululeando, deja que la familia se entere”.

Interminables serían las muestras y no solo asociadas a culturas foráneas, pues en las diferentes regiones cubanas pluma puede ser un bolígrafo, o la llave de paso de una tubería. Asimismo guineo y plátano nombran a una misma fruta, balde y cubo a un envase y puerco y macho a los cerditos que posibilitan elaborar los más deliciosos platos típicos de nuestra cocina tradicional.

Y en cuanto a las frases populares cuyo significado solo conocen los nacidos en esta Isla, la lista sería interminable: “terminó como la fiesta del guatao” (acabó mal), “vive como Carmelina” (vive bien) o “se formó tremendo arroz con mango” (tremenda confusión).

La multiculturalidad también abarca el lenguaje y esos matices conforman la herencia identitaria de las naciones. Sin lacerar el idioma ni ceder espacio a la vulgaridad, vale la pena dirigir una mirada hacia estas palabras que denotan diversidad y más de una vez se han convertido en un motivo para sonreír.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Rivas, motivos para soñar


Rivas, motivos para soñar

Cuentan que cuando el maestro llegó en 1966 a la finca La Paloma aún sin quitarse el polvo del camino preguntó dónde estaba la escuela, mientras los pobladores contemplaban desconfiados al muchachito de 18 años y mirada expresiva que parecía un alumno más. Ante la imposibilidad de regresar a casa, tuvo que hospedarse de lunes a viernes en el hogar de José y María, ubicado en la finca El Chamizo, perteneciente a Ceiba Mocha.

 

Muy pronto las dudas fueron sustituidas por la admiración hacia el joven que despertaba temprano y transitaba cuatro kilómetro hasta llegar al aula y recibir a los niños, para después dedicar las noches a instruir a los adultos de la zona. Así, se fue convirtiendo en un hijo más de aquellos predios, donde la bondad lo saludaba desde cada puerta, envuelta en el aroma del café matutino o en los rostros asombrados que permanecían en silencio, escuchándolo.

                          II

-¡Hoy si voy a aprender!, ¡llegó mi maestro!

Ante el saludo de la niña, Regino Rivas Díaz olvida el cansancio de recorrer siete kilómetros cada sábado y de los 68 años que se ciernen sobre sus pasos, para enseñarla a mirar más allá de sus limitaciones físicas. Sabe que incluso el destino es su cómplice, pues ideó su regreso al mismo batey de Ceiba Mocha donde hace cinco décadas atrás fue el muchacho inquieto que conquistó la gratitud campesina.
 

“Mi trayectoria ha estado llena de coincidencias. La noche en que llegué a Managua con el objetivo de iniciar la misión internacionalista nos alinearon en fila para indicarnos hacia qué departamento debíamos ir. Cuando llegó mi turno me ordenaron: “Rivas, usted va para Rivas”, entonces recordé que cuando era niño le había dicho a mi maestra de geografía que algún día visitaría ese lugar. Inmediatamente corrí a escribirle una carta donde le comuniqué: “Profesora, estoy en Rivas, como dije en mi pupitre una vez”.

Y es que la existencia de Regino ha sido un desafío constante al desaliento, al egoísmo de dar la espalda al mundo exterior que espera porque alguien le siembre nuevas ilusiones.

“Alrededor de 33 años marcan mi camino como Director y subdirector de centros docentes. La primera experiencia fue en el internado Julio Antonio Mella. Después, al volver de Nicaragua me situaron al frente de la escuela primaria Mártires de la Cumbre, donde se realizó un trabajo inolvidable con la comunidad. Sin embargo, mi vocación se fortaleció verdaderamente al asumir durante 21 años la dirección de la Escuela de Formación Integral Antonio Guiteras. Nos veían como su familia, realizábamos actividades prácticas de talleres y oficios, y poco a poco se evidenciaban las transformaciones en los alumnos”.

 Posteriormente, fungió como metodólogo en la dirección municipal de educación de Matanzas y una vez más, ante el llamado del territorio, asumió el reto de ser profesor en la Escuela de Conducta Conrado Benítez donde permanece actualmente.

Al indagar sobre la obra de Rivas, tal vez muchos mencionen las medallas de la Alfabetización, Jesús Menéndez, Hazaña Laboral, Misión Internacionalista, 28 de septiembre, 40 Aniversario de las FAR, o quizás la Distinción cubana al educador y los sellos Ernesto Guevara, Frank País. Mientras otros resaltarán la Medalla conmemorativa de la ciudad de Matanzas, la Orden Lázaro Peña y los diplomas otorgados por participar en movilizaciones, zafras, recogida de café, donaciones de sangre… No obstante, confiesa que el reconocimiento más valioso es la expresión de sus estudiantes.


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“El año pasado durante la jornada por el día del educador en la escuela de conducta, el estudiante Yuniesky Cárdenas comenzó a leer un poema en medio de la plaza: “Maestro quiero decir/con estas pocas palabras/que con amor usted labra/un camino para mí”… al terminar comprendí que había sido escrito en mi honor. Los presentes comenzaron a aplaudir y nadie pudo evitar las lágrimas”
“Tengo el privilegio de que mis dos primeras maestras Carmen y Soraida estén vivas. Ellas son mi inspiración a seguir superándome. Me gradué como maestro primario, maestro defectólogo, Licenciado en Defectología en la especialidad de Trastornos de la Conducta y en el 2007 obtuve la Maestría en Ciencias de la Educación Superior. Aún aspiro a cursar el doctorado, a pesar de que muchos consideran que es una locura a mi edad.

“Me preguntan qué voy a hacer en el futuro, pero siempre respondo que no me preocupo por el porvenir, que solo pienso en lo que estoy haciendo en el presente. Siento profunda tristeza cuando me avisan de la muerte de algunos de mis alumnos. Siempre he considerado que el magisterio es como cuidar de un jardín donde las flores se abren poco a poco y con el tiempo van desapareciendo. Eso sí, lo esencial en esta tarea es luchar contra la pobreza de ánimo, porque no hay cambios sin sueños, ni sueños sin esperanzas”.


jueves, 27 de octubre de 2016

Este es mi pueblo


Pedro Betancourt
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Este es mi pueblo, un ajiaco
de culturas extranjeras,
   un abrazo de palmeras,
de arroz, de caña y tabaco.
Un pasado que destaco
en las manos del obrero
y un central azucarero
que sobre el basculador
supo estivar el sudor
y el canto del machetero.

Este es mi pueblo, folklor
de africanía heredada
con la rumba desvelada
en el cuero de un tambor,
una décima, la flor
que vino de Andalucía
y aunque la siento tan mía
y tan del campo de Cuba
conserva el sabor a uva
y a manzana todavía.

Este es mi pueblo, el Hotel
La Palma, La Casa Verde,
central viejo que no pierde
aún el sabor a miel.
Voz que sacude mi piel
sílabas de ayer y de hoy.
Mi pueblo sabe quién soy,
es de mis versos amigo
y va cantando conmigo
a donde quiera que voy.


(Por Héctor Luis Alonso Carreño y Lianet Fundora Armas. Fotografías: Internet)

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miércoles, 26 de octubre de 2016

Cuba vs bloqueo: sueños contra muros


Cuba vs bloqueo: no han podido cercar nuestros sueños


Si tuviésemos que caracterizar la idiosincrasia del cubano, no faltarían entre los calificativos alegre, solidario, amante de la música y el baile, revolucionario…, pero sobre todo figuraría en la lista esa capacidad de crear las soluciones más osadas para seguir adelante.

Desde ventiladores caseros que alivian el calor gracias a la adaptación de motores rusos o chinos, hasta “almendrones” con casi un siglo de uso que siguen adelante, o fábricas cuyo funcionamiento parecía imposible sin la adquisición de piezas y hoy, continúan produciendo gracias a la ingeniosidad de sus trabajadores.

Cuba vs Bloqueo

Por doquier se han desarrollado industrias artesanales de implementos de cocina, limpieza, prendas, y ¿quién no ha recorrido las calles citadinas a ritmo de “Bicitaxi”?.

Como en el Macondo de Gabriel García Márzquez, en cualquier pueblo es posible encontrar innovadores que conservan como joyas las lavadoras rusas o confeccionan con materiales alternativos algún rincón martiano o una galería para que la historia perdure.

Cuba vs bloqueo
Si bien es cierto que las carencias materiales laceran la Isla, jamás han podido cercar nuestros sueños y ese afán de poner a prueba el intelecto para que los niños sonrían en las escuelas, se promuevan los talentos artísticos y se avance en la esfera de la investigación tecnológica.

Adaptado a trocar lo aparentemente inservible en oro, el cubano puede hacer surgir un juguete entre pomos plásticos vacíos, una obra de arte entre restos de metales osimplemente, salvar la producción gracias a la adaptación de algún engranaje.

 Por eso, otro triunfo en las Naciones Unidas nos llena de júbilo, porque teneemos la certeza de que jamás nos robarán las esperanzas, #CubaesNuestra.


El bloqueo y sus medidas
perjuicio nos ha causado,
pero saldrá derrotado
en las Naciones Unidas.
Hoy lacera nuestras vidas
el peso de sus diseños
pero marchamos risueños,
porque a este heroico caimán
no han podido, ni podrán
arrebatarle los sueños.




Cuba vs bloqueo

jueves, 20 de octubre de 2016

IPVCE Carlos Marx, más allá del tiempo y la distancia

IPVCE Carlos Marx, más allá del tiempo y la distancia Foto: Internet
 
Recuerdo aquel septiembre cuando mis padres me despidieron con lágrimas en los ojos tras el cristal de la guagua. “La niña de la casa”, esa que nunca había estado becada, ni acostumbraba a dejar el hogar por tantos días iniciaría una nueva vida como estudiante en la ciudad.

Así comenzó el trayecto y después de más de una hora divisamos los edificios de la nueva escuela. Llegamos de noche, las luces y la multitud de estudiantes entrando me causaron cierto nerviosismo que tuve que dejar en cada escalón para subir con el maletín a cuestas y encontrar el albergue.  Entonces comprendí que había llegado la hora de ser independiente.

Allí estaba la guajirita de Pedro Betancourt, entre tantos jóvenes de todos los municipios de la provincia con costumbres diferentes, estilos propios…  Después de transitar las escaleras con la llave de la taquilla colgada al cuello, trataba de recordar todos los consejos: “ no dejes nada regado”, “abrígate si hace frío en las noches”, “no descuides los estudios”, “ aliméntate que para pensar hay que comer”… y tantas otras sugerencias que hasta había olvidado con la emoción de ver el albergue.

Allí estaba la litera, presagio de los lazos que la convivencia impone cuando se comparte la vida diaria en una beca.  La primera noche apenas dormimos, la curiosidad de saber los nombres,  el nuevo colchón al que había que adaptarse, pudieron más que las voces de los profesores que llamaban al silencio de las muchachitas de cada cubículo.

A la mañana siguiente comenzarían las colas en los baños, la rotación de la cuartelería donde nadie escapaba a la limpieza supervisada por Roly, el internado. Cómo olvidar el primer  desayuno en el comedor y  el matutino inicial en el anfiteatro, donde tuve la certeza de que aquella etapa en el Instituto Preuniversitario de Ciencias Exactas de Matanzas IPVCE Carlos Marx sería inolvidable.

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Todos los amigos de mi pueblo fueron ubicados en aulas diferentes a la mía. Allí estaba yo, sentada en una de las mesas del grupo cuatro, mientras Renier Betancourt (el químico), nos anunciaba que sería nuestro guía durante los tres años donde se transformó en más que un profesor, en un padre para todos.

Ayer el IPVCE cumplió un aniversario más y no puedo evitar que los recuerdos del primer día asalten mi memoria. Cuando busco aquellas imágenes no aparece una escena donde fluyeran las lágrimas, solo alegrías, tal vez por eso siempre termino llorando cada vez que he vuelto a visitar la escuela.

Allí están los pasillos donde la madrugada nos sorprendía estudiando para la prueba de Matemática o de Biología, o simplemente luchando contra el sueño en medio de las guardias. Las piscinas que jamás vimos con agua, la cafetería, el comedor en el que hicimos autoservicio o adornamos en un operativo especial por el 14 de febrero.


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No puedo evitar sentir nostalgia al saber que el tiempo no permite volver hacia aquellas aulas para volver a reír ante las locuras de Lester, Titico, Julio, Ángel,  y compartir las tristezas y triunfos con Ariadna, Maybel y Lilliana y tantas otras amigas que se convirtieron en mis hermanas.

Me gustaría regresar para ver a Alfredo vivo, lejano de aquel fatídico accidente que apagaría su voz tiempo después de egresar del IPVCE.  ¡Cuánto daría por estar todos juntos de nuevo en la educación física bajo la tutela del profe Sixto, o contemplar cómo el profe Guillén se colocaba su traje cada vez que había exámen de Química.

Los amores primeros, las lecturas en la biblioteca, las ruedas de casino, la fuga hacia el río que nunca me atreví a emprender,  la búsqueda de agua en las casitas donde de pronto alguien gritaba que el profe Oviedo venía y se formaba el “corre corre”…

Aún guardo en la casa la camisa azul, firmada por tintas diferentes en la última semana de duodécimo grado, un pétalo de la flor que nos regalaron en la graduación y todas las postales que en cada cumpleaños recibí como sorpresa al despertar en el albergue.  Y es que aunque ha pasado el tiempo, aunque los años de universidad llegaron después y ahora dos años me separan de la etapa estudiantil,  le debo al IPVCE una parte importante de mi vida, instantes donde crecí en conocimiento y espíritu y descubrí que formar parte de la historia de la escuela,  es un signo que no pueden eludir las generaciones que se forman en ella porque las distingue más allá del tiempo y la distancia.

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jueves, 6 de octubre de 2016

Yo me llamo

nombres propios

-¡Está embarazada!

La noticia resuena en toda la familia y se esparce como pólvora de alegría, pues la llegada de un nuevo miembro es sinónimo de júbilo. Entonces, las abuelas emprenden la misión de predecir si será hembra o varón antes de que el ultrasonido diga la última palabra.

Es ahí cuando surge la pregunta más difícil para los padres: ¿qué nombre le pondremos? La respuesta se torna compleja pues ese será el calificativo que acompañará al primogénito todos los días de su existencia, el que mostrará su carnet de identidad y resonará en medio del aula apenas comience la escuela. Es por eso que el asunto no se toma a la ligera y hay hasta quienes prefieren confeccionar un listado para arribar a la decisión correcta.

Como en todo proceso de selección influye el gusto de los progenitores. Unos se inclinan por lo más clásico e intentan preservar la misma denominación durante generaciones como en el caso de mi abuelo, mi papá y mi tío mayor, pues los tres se llaman Alipio. Así sucede también con mi esposo, su tío y su primo: Héctor Luis, Héctor Jesús y Héctor Darién respectivamente.

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Eso sí, no puede obviarse que en el momento de nombrar a un bebé es preciso atender a los apellidos o se corre el riesgo de marcar al pequeño con combinaciones que, al leerse en voz alta,denotan cierto rasgo humorístico. No obstante, existen quienes consideran superfluo dicho detalle y no tienen complejos de llamarse: Alan Brito Prieto, Armando Bronca Segura, Leandro Gado, Francisco Lorín Colorado, Elba Lazo, Armando Paredes Del Castillo, Armando Casas Grande o Margarito Flores del Campo.

Por supuesto, algunos no pueden escapar de estas estructuras producto a que se apellidan: Pérez Sosa, Pérez Sió, Tomas Kao, Ho  Díaz.

Claro está que no se pueden pasar por alto los padres creativos que retan a la imaginación para buscar términos auténticos, nunca antes vistos. De esta forma pueden hallarse ejemplos como Lumamié Jumisaday, el cual combina los días de la semana; Disney Landia Rodríguez, entre otros que surgen a partir de vocablos foráneos como: Leydi por "lady", Maivi por "maybe", Olnavy por "Old Navy", Usnavi por "U.S. Navy" y Danyer por "danger".


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Siguiendo esta misma línea, diferentes sitios web reflejan la existencia de nombres fruto de la unión del término "sí" o de su pronunciación en varios idiomas: Dayesí, Yesdasi y Widayesí.

Conocidos son además las creaciones que marcaron a la denominada generación Y, y que todavía se escuchan entre las familias: Yanisey, Yumilsis, Yumara, Yolaide, Yamisel, Yuset, por solo mencionar algunos.

Eso sí, es preciso tener cuidado cuando se tienen dos nombres y queremos abreviar el segundo, pues puede que la firma cause una expresión no deseada y se escriba, por ejemplo: Pedro K. Galindo.

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Lo cierto es que si se trata de encontrar un nombre original cualquier fuente puede servir de inspiración, desde una telenovela, hasta sustantivos como: Amor, Azul, Lluvia, Cielo…

Por supuesto que la cuestión es tan antigua como el propio hombre, pues es imposible olvidar las épocas de los bisabuelos que se guiaban fielmente por el Santoral. De ahí que si nacías un ocho de noviembre serías Godofredo. A ello se suman las adaptaciones si el recién nacido era del género femenino, tal es el caso de mi tía Orquídea cuyo segundo nombre es Silvestra. Y como en toda costumbre, hubo sus gazapos y todavía se escuchan historias de algunos personajes llamados nada menos que Al Dorso.

Serios, complejos, admirables, chistosos… Los nombres tienen un significado relevante pues encierran una historia y designan a cada individuo. Lo esencial es llevarlos con orgullo por el camino del bien, para que sean recordados con ternura y honren ese gesto primero de nuestros padres, que nos acompaña desde el inicio hasta el final de la vida.

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Amor multiplicado en la distancia

Cuando le preguntan por mamá y papá, el pequeño Hamlet contesta que “están trabajando lejos”, que montaron un avión e “hicieron ñiiiii...” ...